12/08/2026│La visita de Patrushev, asesor de Putin, a Brasil no es un hecho aislado: ocurre en medio de una ofensiva coordinada de la ultraderecha regional y de Estados Unidos contra el gobierno de Lula. Mientras Milei cruza la frontera para apoyar a la oposición y Rubio reedita la Doctrina Monroe con amenazas veladas de intervención, Brasilia busca en Moscú un contrapeso estratégico para fortalecer su soberanía tecnológica y militar. Lo que está en juego no es una disputa comercial, sino la propia capacidad de los países latinoamericanos para decidir su futuro sin tutelajes externos.
Por Ramiro Carlos H. Caggiano Blanco
La reciente visita de Nikolai Patrushev a Brasil, con su extensa agenda centrada en la cooperación naval, tecnológica y de defensa, no ocurre en el vacío. Se inscribe en un escenario geopolítico de extrema complejidad para el gobierno de Lula, que se ve presionado por un avance coordinado de la ultraderecha en Sudamérica y por una ofensiva declarada de Estados Unidos.
La campaña electoral de 2026 comienza oficialmente el próximo domingo 16 de agosto, pero la interferencia del gobierno de Estados Unidos en el debate político brasileño ya se viene sintiendo desde hace algún tiempo. Primero llegaron los aranceles, seguidos de amenazas de sanciones contra ministros del Supremo Tribunal Federal e integrantes del Poder Ejecutivo. Ahora, la temperatura subió aún más con un vídeo difundido por el Departamento de Estado estadounidense, en el que Washington reafirma que su dominio sobre el Hemisferio Occidental no debe ser cuestionado.
El Aislamiento Estratégico de Brasil en la Región
El mapa político de Sudamérica ha experimentado un rápido giro a la derecha, aislando a Brasil como uno de los pocos bastiones de la izquierda en la región. Actualmente, el país es una «isla de izquierda», rodeado de gobiernos de derecha y ultraderecha con la llegada de Keiko Fujimori en Perú y Miguel De la Espriella en Colombia, consolidando la nueva ola conservadora. Con estos cambios, y la limitada posibilidad de maniobra del gobierno de Venezuela tras los hechos del 3 de enero, Brasil y Uruguay quedan en clara minoría numérica en la región.
En este contexto, la elección presidencial brasileña de 2026 se convierte en el «fiel de la balanza». Una eventual victoria de la oposición de derecha en Brasil consolidaría una hegemonía conservadora absoluta en Sudamérica. Esto explica el activismo de líderes como Javier Milei, que ya cruzó la frontera para apoyar abiertamente a Flávio Bolsonaro, en una acción que el gobierno brasileño evalúa como coordinada para interferir en el proceso electoral.
La tensión alcanzó un punto crítico cuando Milei, lejos de bajar el tono, redobló sus insultos contra Lula, calificándolo de «ladrón» y «corrupto», cuestionó la decisión judicial que anuló sus condenas e insultó al juez del máximo tribunal de Brasil, Alexandre de Moraes. En respuesta, el gobierno brasileño tomó una medida inédita: retiró de forma permanente a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, y redujo el nivel de la representación diplomática al rango de encargado de negocios, un rebañamiento que, en la práctica, congela el diálogo político entre ambas gestiones. La Cancillería argentina acusó a Brasilia de tomar una decisión «por cuestiones puramente ideológicas», pero el gobierno de Lula dejó claro que no toleraría más agresiones a su máxima autoridad.
La Ofensiva de Marco Rubio y la Sombra de la Doctrina Monroe
El gobierno estadounidense, bajo Donald Trump, y su secretario de Estado, Marco Rubio, han sido los principales vectores de esta presión. Rubio, que ya calificó a Brasil como un país «no amigable», ha liderado una serie de medidas que configuran una escalada sin precedentes:
- Aranceles y Retórica Hostil: La imposición de aranceles del 25% a productos brasileños fue justificada por Rubio con ataques directos al presidente Lula, acusándolo de «priorizar su propio ego».
- Designación de Facciones como Terroristas: La decisión de clasificar al PCC y al Comando Vermelho como organizaciones terroristas es vista por el gobierno brasileño como un peligroso precedente. El asesor Celso Amorim advirtió que esto puede servir como «pretexto para una acción militar» extranjera. Amorim recordó que designaciones similares ya fueron usadas en países vecinos para justificar el uso de la fuerza.
- Resurrección de la Doctrina Monroe: El Departamento de Estado publicó un vídeo reivindicando el «dominio estadounidense en el Hemisferio Occidental», afirmando que «nunca más será cuestionado». La publicación, que recuerda la captura de Nicolás Maduro como ejemplo, es una demostración explícita de la nueva estrategia de Trump para la región, basada en la «recuperación poderosa» de la influencia.
El mismo día en que Brasil rebajó su relación con Argentina, Estados Unidos revocó el visado de la embajadora brasileña en Washington, Maria Luiza Viotti, en un acto de represalia por la demora en la aprobación del embajador americano designado para Brasilia. El gobierno brasileño denunció que la decisión de Trump «no es un hecho aislado» y forma parte de «una escalada deliberada de medidas hostiles», motivada por «razones ideológicas» y con el claro objetivo de «interferir en las próximas elecciones presidenciales». Lo que está en juego es mucho más que una disputa comercial o una divergencia diplomática entre Brasilia y Washington. Se está discutiendo la propia idea de soberanía de los países latinoamericanos.
El Contrapunto: La Visita de Patrushev y la Búsqueda de Soberanía
Es en este ambiente hostil donde la visita de Patrushev, el principal asesor de Putin para asuntos marítimos, adquiere un significado estratégico aún mayor. Las discusiones sobre cooperación en la Marina, la visita al NAM (Navio-Aeródromo Multipropósito) Atlántico (A 140) y la profundización de las alianzas tecnológicas con Rusia demuestran un intento claro de Brasil de diversificar sus alianzas y fortalecer su soberanía tecnológica y militar.
Celso Amorim, al mismo tiempo que alertaba sobre el riesgo de intervención, dejó clara la posición de Brasil: «La colaboración internacional auténtica siempre será bienvenida, pero sin intervención extranjera, preservando la soberanía». La defensa de un mundo multipolar y la crítica al alineamiento automático son la base de la estrategia brasileña para navegar en un mar de presiones externas, que incluye no solo a Estados Unidos, sino también a sus aliados regionales como Milei.
La visita rusa, por tanto, no es solo un acto de cooperación bilateral, sino un contrapunto geopolítico directo al cerco impuesto por la ultraderecha regional (con las recientes asunciones de Fujimori en Perú y De la Espriella en Colombia, y la hostilidad abierta de Milei en Argentina) y por el resurgimiento de la Doctrina Monroe, reafirmando la búsqueda de Brasil por una política exterior activa y soberana en un contexto de creciente tensión diplomática.








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