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Gibraltar: la próxima guerra de los estrechos

Mientras el mundo miraba hacia el Mar Rojo, el centro de gravedad marítimo se desplazó al Estrecho de Gibraltar. Ese paso de 14 kilómetros que separa Europa de África se ha convertido en el nudo gordiano donde convergen la rivalidad Marruecos-Argelia, la expansión israelí en el Magreb, la seguridad energética europea y la competencia entre potencias por el control de las rutas comerciales. Con un eje Washington-Tel Aviv-Rabat consolidando el control occidental del Estrecho y Argelia respondiendo con su carta gasística y alianzas con Rusia, China e Irán, la próxima crisis de la «cerrajería marítima» mundial tiene todos los números para escribirse en sus orillas. Y Europa, demasiado ocupada mirando al este, corre el riesgo de no notar que el sur se le escapa de las manos.

Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont

Estrecho de Gibraltar el escenario de múltiples rivalidades geopolíticas (El Tábano Economista)

La pregunta ya no es retórica. En un mundo donde los mares abiertos dejan de ser espacios neutrales para convertirse en campos de batalla silenciosos, los estrechos marítimos son las nuevas trincheras de la geopolítica. Y en el extremo occidental del Mediterráneo, donde el Atlántico se cuela entre dos continentes, se está jugando una partida que define el futuro energético y comercial de Europa. Mientras el planeta miraba hipnotizado hacia el Mar Rojo, las fichas se movían en el Estrecho de Gibraltar, ese paso de apenas 14 kilómetros que separa Europa de África y que hoy se ha convertido en el eslabón lógico de una cadena de puntos de estrangulamiento que el comercio global no puede permitirse perder.

Los mapas dicen siempre la verdad. Y los mapas muestran que el grueso del comercio mundial no circula por el océano abierto, aunque lo atraviese. Circula por ocho o nueve puertas: Ormuz, Malaca, Suez, Bab el-Mandeb, el Bósforo, Panamá, los estrechos daneses y Gibraltar. Así como Ormuz y Bab el-Mandeb se convirtieron en armas geopolíticas en manos de actores estatales y no estatales, el Estrecho de Gibraltar está dejando de ser un «paso seguro» para transformarse en un tablero de ajedrez donde se decide el futuro energético de Europa y el dominio de su flanco sur. La era de los mares abiertos podría estar llegando a su fin, y cada potencia debe prepararse para la próxima lucha por el poder marítimo y la seguridad de sus rutas.

El centro de gravedad marítimo se ha desplazado hacia el oeste. La inversión de Marruecos de 7.000 millones de dólares en el puerto de Tánger Med ya ha superado a la de Algeciras en España. Al mismo tiempo, el estrecho de Gibraltar se ha convertido en un elemento esencial para la seguridad energética europea. España opera seis terminales de regasificación, el 40% de la capacidad de la UE. Tres gasoductos cruzan el lecho marino: el GME (Argelia-Marruecos-España, suspendido en 2021), el Medgaz (Argelia-España) y el Transmed (Argelia-Italia). Cualquier interrupción tendría consecuencias inmediatas para los precios de la energía en Europa. Y en un contexto de Ormuz y Bab el-Mandeb bloqueados o severamente amenazados, Gibraltar se perfila como la única puerta mediterránea fiable para el comercio y la energía intercontinentales, con cerca de 100.000 tránsitos anuales y alrededor del 20% del comercio marítimo mundial pasando por allí.

Pero Gibraltar no es solo un paso marítimo. Es el nudo gordiano donde se anudan la rivalidad Marruecos-Argelia, la expansión de la influencia israelí en África, la seguridad energética europea, la contención de Rusia, China e Irán, y la competencia sino-estadounidense por el comercio global. La reconfiguración del flanco sur de Europa no es una hipótesis, es un proceso en marcha que se articula en dos proyectos estratégicos contrapuestos. Por un lado, el eje Washington-Tel Aviv-Rabat busca consolidar el control del Estrecho de Gibraltar como eslabón de una arquitectura de seguridad occidental. Por otro, Argelia despliega una estrategia de resistencia que combina alianzas con Rusia, China e Irán con un uso sofisticado de su posición como proveedor energético clave de Europa. Lo que se disputa no es solo el control de un paso marítimo, sino la arquitectura de seguridad y energía del Mediterráneo occidental.

La alianza entre Marruecos, Tel Aviv y Washington es, en 2026, un eje trilateral que redibuja el equilibrio de poder en el Magreb y coloca a Gibraltar en el centro de una estrategia occidental de control del Mediterráneo y de contención de rivales. No es solo un acuerdo diplomático: es una arquitectura de seguridad, tecnología militar, inteligencia y energía que busca asegurar el estrecho de Gibraltar como «puerta única» segura del Mediterráneo y, al mismo tiempo, dar a EE.UU. e Israel un socio regional con capacidad de presión sobre Europa.

Esta alianza no busca simplemente «influir» en Gibraltar, busca controlarlo. Según el análisis del especialista español Enrique Arias Gil, «lo que buscaban Israel y EEUU, utilizando a Marruecos como proxy contra España, es el control total del Estrecho de Gibraltar». La lógica es la siguiente: dado que Gibraltar pertenece al Reino Unido y Ceuta pertenece a España, si Marruecos obtuviera el control de Ceuta, Washington y Tel Aviv tendrían control completo sobre ambas orillas del Estrecho.

El punto de inflexión son los Acuerdos de Abraham (2020), que normalizan relaciones entre Marruecos e Israel a cambio del reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Ese reconocimiento se mantiene bajo Biden y se refuerza en la práctica. Israel también reconoce formalmente la integridad territorial marroquí (2023) y, en 2026, ambos países anuncian nuevos acuerdos de protección de inversiones y cooperación económica. Para EE.UU., Marruecos es un «pivote de estabilidad» en África: aliado predecible, útil para contener yihadismo, frenar influencia china y rusa en el Sahel y asegurar el flanco occidental del Mediterráneo. Para Israel, Rabat es profundidad estratégica en el mundo árabe y un mercado clave para su industria de defensa (drones, defensa aérea, satélites, guerra electrónica).

¿Qué implica esta alianza para Gibraltar? Marruecos ha montado en el norte una red de capacidades Anti-Acceso y Denegación de Área (A2/AD) que cubre el espacio aeronaval del estrecho, Ceuta, Melilla y el Mar de Alborán. Esa arquitectura incluye defensa aérea de largo y medio alcance, fuegos de precisión de largo alcance, y drones MALE y satélites de vigilancia para vigilancia 24/7 del estrecho.

El objetivo no es invadir territorio español, sino encarecer y condicionar cualquier acción militar en el estrecho, creando una «burbuja de exclusión» que disuada o limite la libertad de acción de España y la OTAN en la zona. Desde la perspectiva de Washington, esto es «inversión estratégica en la estabilidad del estrecho»: un aliado directo (Marruecos) con capacidades avanzadas para vigilar y, si fuera necesario, negar el uso del estrecho a actores hostiles. Desde el punto de vista israelí, es profundidad estratégica y venta de armas. El eje redefine el flanco sur de la OTAN y la UE: ya no es España el interlocutor privilegiado en el Magreb, sino Marruecos, con respaldo directo de EE.UU. e Israel.

La alianza también tiene una dimensión energética. El Gasoducto Atlántico Nigeria-Marruecos (AAGP) es impulsado por Marruecos como un corredor de 6.900 km que transportaría gas desde África Occidental a través de 13 países costeros hasta Marruecos, y de allí a Europa a través de las conexiones marítimas con España. De su capacidad total de 30.000 millones de metros cúbicos anuales, 15.000 millones se dirigirían a la industria marroquí y a las redes energéticas europeas. A esto se suman proyectos de cables eléctricos Marruecos-Portugal y Marruecos-Europa (Sila Atlantik a Alemania, Qantara Med a Francia).

En este esquema, Marruecos se posiciona como respaldo energético para Europa, reduciendo la dependencia de Argelia y Rusia, pero aumentando su propia relevancia estratégica frente a la UE. Gibraltar es el embudo por donde pasan (o pueden pasar) los flujos energéticos atlánticos hacia el Mediterráneo, lo que refuerza el interés de EE.UU. e Israel en que ese paso esté bajo influencia occidental y no sujeto a vetos europeos o españoles.

Frente al cerco estratégico occidental, Argelia despliega una carta que ningún actor puede ignorar, su posición como proveedor energético clave de la Unión Europea. En 2025, Argelia entregó 40 mil millones de metros cúbicos a la UE, aproximadamente el 13-14% de las importaciones totales europeas. La mayor parte de este gas se transporta por gasoducto: TransMed hacia Italia (26,4 bcm) y Medgaz hacia España (8,0 bcm), evitando así los puntos de estrangulamiento marítimos vulnerables como Ormuz.

La UE ha reconocido explícitamente a Argelia como «socio estratégico fiable», incluyéndola en la lista de países exentos de controles adicionales de origen, junto a Estados Unidos, Qatar y Noruega. Argelia ha destinado el 95% de sus exportaciones totales de GNL al mercado europeo en 2025, y la UE ha eximido los cargamentos argelinos de procedimientos de pre-auditoría, un privilegio concedido hasta ahora solo a Estados Unidos y Qatar.

Argelia no solo vende gas, lo utiliza como instrumento de influencia política. Aprovechando la crisis energética europea, Argel ha renegociado precios con Italia y España, exigiendo incrementos del 15% al 20% para cualquier suministro adicional, ya sea por gasoducto o por vía marítima. En 2025, el país destinó cerca de 30.000 millones de metros cúbicos a Europa, de los cuales 21.000 millones fueron a Italia y 9.000 millones a España.

La rivalidad Argelia-Marruecos se proyecta también sobre el futuro del gas africano hacia Europa. Existen dos megaproyectos rivales para transportar gas nigeriano al Mediterráneo: Gasoducto Transahariano (TSGP): impulsado por Argelia, con 4.128 km que unirían Nigeria con Argelia a través de Níger, conectando con las terminales de exportación del Mediterráneo que alimentan a Italia y España. Argelia puso en marcha la construcción de su tramo en junio de 2026, con la participación de Sonatrach, la NNPC nigeriana y Sonidep de Níger.

Y el Gasoducto Atlántico Nigeria-Marruecos: impulsado por Marruecos con apoyo de Israel y Estados Unidos, un corredor de 6.900 km que transportaría gas desde África Occidental a través de 13 países costeros hasta Marruecos, y de allí a Europa a través de las conexiones marítimas con España. De su capacidad total de 30.000 millones de metros cúbicos anuales, 15.000 millones se dirigirían a la industria marroquí y a las redes energéticas europeas. (ver mapa)

La reconfiguración del flanco sur de Europa no es una hipótesis, es un proceso en marcha. El eje Washington-Tel Aviv-Rabat busca consolidar un cordón sanitario que contenga a Rusia, China e Irán, utilizando a Marruecos como pivote militar y logístico, y el control del Estrecho como cerrojo estratégico. La crisis de Ceuta, la presión migratoria y el rearme israelí de Marruecos son instrumentos de esta estrategia. Rusia, por su parte, mantiene presencia en el Mediterráneo a través de su relación con Argelia, con visitas regulares de la flota del Norte a Argel y Orán, y el despliegue de fragatas modernas cerca de las rutas de la OTAN. El objetivo ruso no es reemplazar a Argelia como proveedor, sino mantener presencia e inteligencia en el flanco sur de la OTAN, y tener capacidad de disuadir o perturbar rutas energéticas y navales occidentales en caso de escalada.

La OTAN ha incorporado la seguridad energética como parte de la defensa colectiva desde su Concepto Estratégico de Madrid (2022), con énfasis en proteger infraestructuras críticas (regasificadoras, gasoductos, cables submarinos). En abril de 2026, aliados de la OTAN y la industria se reunieron en Bruselas para discutir implicaciones de los desarrollos en Oriente Medio sobre la seguridad de infraestructuras críticas submarinas y energía. Las respuestas de la OTAN se articulan en tres pistas: operaciones marítimas en el Báltico y el Mediterráneo para vigilar infraestructuras y disuadir sabotajes; sanciones y presión económica contra la flota fantasma rusa y redes de evasión; y diversificación de suministros: contratos con Qatar, Argelia, Noruega y EE.UU., y desarrollo de terminales de GNL flotantes en el Mediterráneo y el Mar del Norte.

Paradójicamente, la OTAN también ejercita con Argelia: fragatas griegas e italianas hicieron escala en Orán (septiembre 2026) y realizaron ejercicios PASSEX con la marina argelina, visitando la base de Mers El-Kébir. Esto muestra un enfoque dual: Argelia es a la vez socio energético clave y espacio de influencia rusa, por lo que la OTAN busca mantener canales de comunicación y disuasión al mismo tiempo. Pero la tensión es evidente. Mientras el eje Washington-Tel Aviv-Rabat busca asegurar el flanco sur del estrecho de Gibraltar con capacidades A2/AD marroquíes, Argelia responde reforzando su rol como centro gasístico y manteniendo la puerta abierta a Rusia en el Mediterráneo occidental.

Sí, Gibraltar será el próximo escenario de crisis. Se encuentra en esta rivalidad su fundamento más sólido. El Estrecho ya no es solo un paso marítimo, es el nudo gordiano donde se anudan la rivalidad Marruecos-Argelia, la expansión de la influencia israelí, la seguridad energética europea, la contención de Rusia, China e Irán, y la competencia sino-estadounidense por el comercio global. La próxima crisis en la «cerrajería marítima» mundial tiene todos los números para escribirse en sus orillas. Y cuando eso ocurra, Europa se dará cuenta de que ha estado demasiado ocupada mirando hacia el este como para notar que el sur se le escapaba de las manos.

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