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El misterio del oro que voló del Banco Central y el juego de ruleta con las reservas

Entre vuelos comerciales a Europa, secretos de Estado y pedidos de informes cajoneados, el gobierno envió las reservas de oro al exterior para rascar liquidez inmediata. ¿Estrategia financiera brillante o el manotazo de ahogado más riesgoso de los últimos años?

Por Fernando Balderacchi de La Verdad de la Milanesa

Lingotes de oro de las reservas del Banco Central

El silencio como política de Estado

El ministro Luis Caputo lo soltó en televisión casi al pasar, como quien comenta el cambio de aceite de un coche: argumentó que tener el oro guardado en el país era “perder plata”, mientras que afuera rinde intereses. Hasta ahí, la clásica muletilla técnica para consumo de la hinchada.
Sin embargo, cuando la sociedad, los sindicatos bancarios y los legisladores exigieron ver los números reales —cuántos lingotes salieron, bajo qué póliza de seguro, a qué costo de flete, en qué cuentas están radicados y cuál fue la operación exacta—, la respuesta oficial fue el cerrojo: secreto financiero y seguridad nacional.
Una contradicción flagrante para una gestión que prometía barrer con el oscurantismo del pasado. Si la maniobra es tan impecable y redituable, ¿por qué tanto miedo de mostrar el remito de entrega?

Luis Caputo

Vender o empeñar en el peor momento

El timing de la operación no pudo ser más insólito. Mientras las barras salían en bodega rumbo a Londres o Basilea, el precio internacional del metal rompía techos históricos ante las tensiones geopolíticas globales.

​Los bancos centrales del planeta —desde potencias consolidadas hasta economías emergentes— hicieron exactamente lo inverso: repatriar su oro para blindarse contra la volatilidad.

​Argentina, fiel a su tradición de marchar a contramano del mundo, optó por hacer carry trade con el activo más seguro de la tierra:

  • ​Se puso en riesgo un activo soberano intocable a cambio de un rendimiento marginal de corto plazo.
  • ​Si el metal se utilizó como colateral para préstamos puente (repo) destinados a contener el tipo de cambio, el peligro es elemental: si el viento cambia, el oro no regresa.
  • La plata se consume en la bicicleta diaria del mercado y el respaldo real se queda afuera.

La sombra de los buitres al acecho

El flanco legal de la jugada roza la negligencia. Con el fallo multimillonario adverso en los tribunales de Nueva York por la expropiación de YPF y acreedores como Burford buscando activos argentinos con lupa, sacar el oro de territorio soberano fue prácticamente colocarlo en la vidriera de los cazadores de fondos.

​Por más que se invoquen tratados de inmunidad en el Banco de Pagos Internacionales (BIS), la historia financiera argentina enseña una lección implacable: los fondos buitre son especialistas en trabar embargos sobre cualquier bien que pise suelo anglosajón o europeo. Exponer el patrimonio de varias generaciones a semejante ruleta no califica de audacia; califica de temeridad.

La verdad de la milanesa es corta y no admite dobleces: nadie empeña las joyas de la abuela para pagar la cuenta del almacén salvo que la desesperación mande. Disfrazar la urgencia de caja con tecnicismos de pizarrón no cambia la realidad.

MILEI Y LA TIMBA CON EL ORO ARGENTINO

Javier Milei

La Auditoría General de la Nación confirmó que Luis Caputo, Santiago Bausili y el gobierno de Milei perdieron US$1.023 millones con el oro que enviaron a Londres.

El oro trepó de forma extraordinaria en 2025 y el gobierno usó los mil lingotes enviados al Bank of England para una operación de futuros, que implicó la venta y la recompra a un precio fijado de antemano.

Pero el oro subió más de lo pensado y, en esa operación, el Banco Central y la administración Milei perdieron US$920 millones, a lo que se sumó una prima fija de US$62,8 millones.

“Desde que se auditan los estados contables del BCRA nunca se había registrado una pérdida de esa magnitud. Tampoco se habían utilizado antes las reservas físicas de oro para transacciones de riesgo como éstas”, dice la Auditoría.

Sacar el oro del Central a escondidas y rifar el seguro de vida del país no es una avivada de mercado: es otra improvisación que, tarde o temprano, pagaremos los de siempre.

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