El cerco judicial, digital y extranjero no logra doblegar al presidente que apuesta a la calle, a la soberanía y a las familias brasileñas.
Por Ramiro C. Caggiano Blanco
En la recta final de la campaña presidencial brasileña de 2026, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva enfrenta una embestida sin precedentes. No se trata solo de la oposición política tradicional, sino de una maquinaria que combina decisiones judiciales controvertidas, narrativas digitales coordinadas, algoritmos corporativos y una ofensiva internacional. Lula, sin embargo, lejos de amedrentarse, responde con una campaña cuerpo a cuerpo, medidas audaces y una defensa firme de la soberanía nacional.
El ministro del Tribunal Superior Electoral (TSE), Kassio Nunes Marques, se ha convertido en un actor central de este tablero. En septiembre de 2026, concedió una medida liminar que ordenó la remoción, en un plazo de 24 horas, de un video publicado en Instagram que vinculaba al candidato Flávio Bolsonaro con el escándalo del Banco Máster y el banquero Daniel Vorcaro. La decisión, que también prohíbe la republicación del contenido y fija multas por incumplimiento, contrasta con la permisividad mostrada hacia las publicaciones del bolsonarismo, que asocian a Lula y a su hijo, conocido como «Lulinha», con el mismo caso sin sustento fáctico. La arbitrariedad alcanzó tal punto que Nunes Marques llegó a prohibir la circulación del jingle de la campaña oficial de Lula, en una medida que muchos interpretan como un intento de silenciar la comunicación del presidente.
Paralelamente, los perfiles de redes sociales de la campaña de Flávio Bolsonaro y sus afines vienen construyendo desde hace tiempo una narrativa que teje una asociación forzada entre Lula, el ministro del Supremo Tribunal Federal (STF) Alexandre de Moraes y el escándalo del Banco Máster. Esta narrativa se ha visto alimentada por la investigación ilegal que el también ministro del STF, André Mendonça, realizó contra Moraes, y por las filtraciones selectivas, o «pinzadas», de un informe que solicitó a la Policía Federal con el objetivo de incriminar a su colega e incendiar la campaña de Lula. Mendonça, según documentos judiciales, utilizó relatórios producidos clandestinamente por la Policía Federal que contenían «deturpaciones» y se basaban en «documentos apócrifos». Esta operación, más propia de una guerra institucional que de una disputa electoral, ha sido utilizada para contaminar el debate público con acusaciones sin fundamento.
A esta ofensiva judicial y narrativa se suma un ejército de trolls, denunciado por la periodista Vilma Fazito, de la red Globo. Según Fazito, estos perfiles están asociados con Rockbridge Brasil, una filial de la Rockbridge Network de Estados Unidos, una organización privada y conservadora cofundada por el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance. El objetivo de esta red es claro: amplificar el discurso bolsonarista, atacar a Lula y a sus aliados, generar una sensación de caos que favorezca a la oposición y promover un linchamiento digital contra quienes declaren apoyo a Lula, una forma de intimidación que raya con lo ilegal y que, según la propia periodista, ella misma ha sufrido.
La actuación de las grandes tecnológicas no se queda atrás. La corporación Meta, propietaria de Instagram y Facebook, bajó sin explicaciones un video que ya acumulaba más de cinco millones de visualizaciones, en el que se explicaba la relación entre la Iglesia da Lagoinha, el Banco Máster y Flávio Bolsonaro. Horas después, la plataforma restauró el contenido, pero sin ofrecer una justificación detallada. Además, Meta prohibió temporalmente la cuenta oficial de la campaña de Lula, una medida que, en la práctica, asfixia la difusión de su mensaje en el momento más crítico de la contienda.
Frente a este cerco que combina jueces, algoritmos, trolls y una potencia extranjera, la respuesta de Lula ha sido la de un político que no se arrodilla. Su campaña «cuerpo a cuerpo» recorre el país con una intensidad inusual. La movilización nacional convocada para el domingo 27 de septiembre prevé más de 500 actos en las 27 capitales y en cientos de municipios, con caminhadas, caravanas y actos públicos que buscan demostrar que la fuerza del voto popular no se doblega ante las presiones de los poderosos. En Recife, el pasado 25 de septiembre, cerca de 80.000 personas se congregaron en el Marco Zero para expresar su apoyo al presidente, en un acto que la organización calificó como el mayor de la campaña hasta la fecha.
Lula también ha tomado medidas que, aunque arriesgadas, buscan proteger la salud y la economía de las familias brasileñas. A pocos días de las elecciones, firmó una medida provisoria que prohíbe las apuestas on-line, las famosas «bets», que se han convertido en una lacra para los hogares más vulnerables. «Este país trajo el casino para dentro de casa», declaró, al comparar las apuestas con el crack y el cáncer. La decisión, que ha generado una fuerte reacción del sector y de los clubes de fútbol patrocinados por estas plataformas, demuestra la disposición de Lula a enfrentar intereses poderosos en beneficio de la población.
En el plano internacional, Lula no ha dudado en cantarle las verdades a Donald Trump. En su discurso ante la Asamblea General de la ONU, defendió la soberanía de Brasil con una frase que resonó en todo el mundo: «Brasil no cabe en el patio de nadie». Y ha sido aún más explícito: «Si Trump mete la mano aquí, va a perder», afirmó, reafirmando que el único dueño de Brasil es el pueblo brasileño, en un acto en São Gonçalo, Rio de Janeiro.
Mientras la campaña del miedo y la desinformación intenta desgastarlo, las encuestas de opinión siguen favoreciendo a Lula. La más reciente encuesta de AtlasIntel/Bloomberg lo coloca con un 45,8% de las intenciones de voto, frente al 43,4% de Flávio Bolsonaro. Entre las mujeres, su ventaja se ha ampliado de manera significativa, y la percepción de que será el vencedor alcanza cotas difíciles de revertir.
Lula está contra todo y todos. Pero, como lo demuestran las calles, las urnas y su propia determinación, no está solo. Su campaña es la de un líder que sigue dando la batalla por la democracia, la soberanía y la justicia social en Brasil y el pueblo brasileño ya eligió de qué lado de la calle quiere estar.












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