Treinta y siete años después, la Rede Globo intentó reeditar la Operación mediática que en 1989 le permitió fabricar un presidente y sepultar la candidatura de Luiz Inácio Lula da Silva. El resultado fue un fracaso estrepitoso: el debate que iba a ser un juicio televisivo contra Lula terminó cancelado, y el presidente, ausente, obtuvo la mayor audiencia simultánea de la historia del podcasting brasileño.
Por Ramiro C. H. Caggiano Blanco
El golpe de 1989: las carpetas vacías y la edición infame
Tras una campaña enlodada por la falsa acusación de que Lula había pedido a su exnamorada, la enfermera Miriam Ribeiro, que abortara a la hija que ambos esperaban, Lurian, y en medio de una cobertura mediática inusitada, llegamos al debate de diciembre de 1989 entre Lula y Fernando Collor de Mello, que definiría el futuro del Brasil post-dictadura. La Rede Globo, concesión pública obligada a tratar con equidad a los candidatos, intervino directamente en favor de Collor.
La operación tuvo tres patas. La primera fue la preparación del candidato Collor en los estudios de la emisora. José Bonifácio de Oliveira Sobrinho, alias «Boni», director de la Globo, admitió en 2011 en el programa Dossiê GloboNews que él mismo ordenó quitarle la corbata a Collor, aplicarle “glicerinita” para simular sudor y colocarle carpetas vacías sobre el atril para que pareciera que contenían denuncias contra Lula. “Las carpetas estaban enteramente vacías o con papeles en blanco”, confesó Boni.
La maniobra produjo dos efectos de sentido demoledores. Primero, objetivizó la denuncia: convirtió una mentira abstracta en un objeto físico, visible, medible, que el televidente podía “ver”. Segundo, le dio un carácter objetivo: las carpetas no eran una acusación subjetiva, sino la prueba material de que Lula estaba siendo investigado. Lula, según relatos de la época, quedó “aterrorizado” durante todo el debate, fingiendo Collor que abriría las carpetas para extraer documentos comprometedores.
La segunda pata fue la edición tendenciosa del compacto del debate, emitida al día siguiente en el Jornal Nacional. El entonces director de periodismo Armando Nogueira acusó nominalmente a Alberico de Sousa Cruz, director de telejornais, y a Ronald de Carvalho, editor de política, de haber “deformado” la edición que debía reproducir sin alteraciones la del Jornal Hoje. Alice Maria, directora-ejecutiva de la Central Globo de Periodismo, declaró que al ver la edición del noticiero nocturno JN “se llevó un susto”: “La materia del JN no tenía nada que ver con la del Hoje. Alberico ignoró la orientación que había recibido”. La edición final mostró a un Collor victorioso y a un Lula errático, construyendo la narrativa que definiría la elección.
La tercera pata fue la impunidad. Boni se vanaglorió de la operación veintidós años después, en tono triunfal, como si se tratara de una anécdota profesional. La Globo nunca fue sancionada. La concesión pública sigue intacta.
La operación de 2026: los cuatro de la derecha y la silla vacía
Treinta y siete años después, Lula es presidente y candidato a la reelección. La Globo diseñó una nueva operación con el mismo objetivo: aislar a Lula y presentarlo como un candidato acorralado por la “corrupción” y el “rechazo”.
El formato elegido fue un debate con cuatro candidatos de extrema derecha y centro-derecha cuya principal prédica es la crítica a Lula: Flávio Bolsonaro (PL), Romeu Zema (Novo), Ronaldo Caiado (PSD) y Augusto Cury (Avante). No había ningún representante del campo de centro-izquierda o de izquierda. La “pluralidad” era un decorado: cuatro variantes del mismo coro anti-Lula.
Lula desistió de participar. La Globo, entonces, concibió una puesta en escena perversa: una silla vacía con el nombre de Lula en el escenario, con la cual los cuatro candidatos podrían “interactuar”. La regla, incluida en la “Ata Debate Presidencial 2026” firmada por todos los partidos, preveía que el púlpito vacío se mantuviera con una placa identificatoria y que los candidatos presentes pudieran formular preguntas al ausente.
La jugada tenía una lógica clara: transformar la ausencia de Lula en el centro del debate. Cuatro candidatos hablando sobre Lula, interpelando a una silla vacía, construyendo la imagen de un presidente que huye del escrutinio. La silla vacía cumpliría la misma función que las carpetas de Collor: objetivizar la acusación. No importaba que Lula no estuviera; su ausencia física se convertía en prueba de su “cobardía”.
La justicia interviene y el castillo de naipes se derrumba
La ministra Estela Aranha, del Tribunal Superior Eleitoral, prohibió la exhibición destacada del púlpito vacío y la formulación de preguntas unilaterales al candidato ausente. Su decisión fue motivada por un pedido de la coligación de Lula, que argumentó que la práctica “podría desequilibrar la disputa electoral, hiriendo los principios de isonomía, normalidad de la competencia y protección a los derechos políticos y la honra del candidato ausente”. La participación en debates es facultativa por ley, e imponer sanciones indirectas por ausencia configuraría “cercenamiento de los derechos políticos”.
Pero la «operación Globo» recibiría un golpe más: el ministro Gilmar Mendes, del Supremo Tribunal Federal, aceptó a última hora un pedido del partido Solidariedade —que no representa a Renan Santos, candidato del Missão, pero que integra la base de Lula en el Congreso— para incluir a Renan Santos en el debate. Gilmar anuló una decisión anterior del presidente del TSE, Kassio Nunes Marques, que ya había rechazado la inclusión. Renan Santos, de centro-derecha, había criticado a Flávio Bolsonaro por su postura sobre la soberanía brasileña, particularmente en lo relativo a la Amazonía y a la injerencia extranjera.
Flávio Bolsonaro, que había confirmado su presencia, anunció que no iría. Su argumento: la inclusión de Santos era “censura”. La excusa es inentendible. Lo que se dice en las redes sociales es más simple: se acobardó. No quería compartir escenario con un candidato de su propio campo que lo cuestionara en un tema sensible para el bolsonarismo.
El fracaso: la Globo cancela el debate por primera vez en la historia
Sin Flávio Bolsonaro, sin Lula, y con Renan Santos incluido a última hora, la Globo se quedó con un debate vacío. La emisora anunció la cancelación minutos antes de la transmisión, alegando “inseguridad jurídica” e “interferencia de la justicia”. Fue la primera vez desde la redemocratización que un debate presidencial de la Globo es cancelado.
La secuencia es reveladora. La Globo había diseñado un debate para linchar simbólicamente a Lula. Cuando la justicia impidió el linchamiento, la emisora prefirió cancelar antes que aceptar un debate en condiciones mínimas de equidad. No quería un debate; quería un juicio. Y el juicio se le desmoronó.
La victoria de Lula: 1,6 millones en el Flow
Mientras la Globo cancelaba su debate, Lula comparecía en el podcast Flow, conducido por Igor Coelho. La entrevista alcanzó 1,65 millones de espectadores simultáneos, la mayor audiencia de la historia del podcasting brasileño. Sin la competencia del debate cancelado, el público migró masivamente hacia el formato que Lula eligió: una conversación larga, informal, sin edición tendenciosa, sin carpetas vacías, sin sillas vacías.
La táctica proselitista de Lula fue impecable. No se dejó arrastrar al terreno de la Globo. No legitimó con su presencia un debate diseñado para destruirlo. Y cuando la emisora intentó castigarlo con la silla vacía, la justicia —y el propio ridículo de la operación— se encargaron de desmontar el montaje.
Treinta y siete años después, la Red Globo intentó repetir 1989. Pero el Brasil de 2026 ya no es el mismo. Lula aprendió la lección. Y esta vez, el golpe no pasó.













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