La Justicia federal investiga a la científica Virginia Aparicio por presunto «abuso de autoridad» y «falsedad ideológica» tras una denuncia del INTA, en un caso de persecución científica, denunciada por sus investigaciones sobre el impacto de los agroquímicos, recordando la trama de «Un enemigo del pueblo» de Ibsen.
Por Pedro Peretti
A la ingeniera Virginia Aparicio, investigadora del INTA (Balcarce) y del CONICET, la quieren exonerar de la administración pública. Éste es el castigo más severo que se le puede imponer a un empleado estatal; más grave aún, que la cesantía. La exoneración te deja fuera del Estado para siempre, sin posibilidad de reingreso; típico castigo de gobiernos dictatoriales, como éste. ¿Pero qué falta tan grave cometió la ingeniera?, ¡absolutamente ninguna! Dicho sea de paso, es una de las mejores científicas del país. Se la condena por cumplir eficientemente su trabajo. Lo que pasó es que los resultados de la investigación que realizó Aparicio, molestaron al complejo sojero argentino y a partir de ahí se desató una sistemática persecución a su persona. Como ella misma lo manifestó, la convirtieron en “una leprosa en los pasillos del INTA”.
Estamos frente a un revival criollo de la inoxidable obra de teatro de Henrik Ibsen (1882), Un enemigo del pueblo. Ésta reflexiona sobre el conflicto entre la verdad científica y los intereses políticos y económicos de una comunidad. El protagonista de la obra, Dr. Thomas Stockmann, el médico del pueblo, descubre que las aguas termales que le dan vida a la comunidad, están contaminadas; y podrían afectar la salud de la población. Se requería una inversión millonaria para reparar las tuberías. El médico intenta publicar su hallazgo científico pensando que le iban a premiar, pero sucede lo contrario. El alcalde del pueblo Peter Stockmann, su hermano, se lo impide y los periodistas que primero apoyaron la investigación, se “dan vuelta” por las presiones políticas y económicas y empiezan a atacar al “investigador”. Un retrato exacto de lo que sucede en el INTA Balcarce ¡Ni que Ibsen hubiera escrito el sumario del caso de la ingeniera Aparicio! La obra goza de una actualidad lacerante y es de una clarividencia increíble, al mejor estilo de George Orwell o Ray Bradbury… Asombroso.
Veamos: la historia empezó en el 2018, cuando Labintex Europa, un laboratorio virtual, que el INTA creó en el exterior, pone en contacto a la Ing. Aparicio con la especialista en suelos de la Universidad de Wageningen (Países Bajos), para analizar la posibilidad de diseñar tecnologías que reduzcan el uso de plaguicidas. Esta relación dio sus frutos dos años después y así nació el proyecto para la “Transición Sostenible de la Protección Vegetal, un enfoque de salud global”, conocido por sus siglas en inglés: SPRINT. Virginia Aparicio fue elegida por las autoridades del INTA como responsable del capítulo argentino de dicha investigación. O sea, la eligen para un proyecto, lo cumple exitosamente, y por hacerlo bien, como los resultados no les gustaban a las corporaciones agrarias, la exoneran. Con este antecedente, ¿quién se anima a investigar y publicar lo que investiga?, si corre el riesgo de ser exonerado…Estamos en un momento complejo de la ciencia, más en el INTA, donde el resultado no lo determina la investigación, sino que se pacta previamente para no afectar intereses poderosos. Es como hacerse el análisis de sangre y decirle al bioquímico que te dibuje los valores. Vergonzoso e inadmisible.
El SPRINT es un proyecto internacional auspiciado por la Unión Europea, que ha seleccionado científicos de “clase mundial”, entre ellos Virginia Aparicio, para llevarlo a cabo. Cuyo objetivo es monitorear los riesgos sanitarios globales para evaluar el impacto de los pesticidas en los ecosistemas acuáticos y terrestres y en la salud humana, animal y vegetal. Así como analizar la sostenibilidad de las estrategias alternativas al uso de pesticidas y desarrollar vías de transición. La meta es la reducción del uso general de plaguicidas químicos peligrosos en un 50 % para el 2030…
El costo del proyecto osciló en los 15 millones de euros; fue absorbido íntegramente por la UE, se realizó en 11 países, 10 europeos y la Argentina ¿Porque la Argentina? Sencillo. Somos el país récord, a nivel mundial, en cuanto al uso de pesticidas, con un promedio de 12 litros de veneno per cápita; y un consumo global de más de 600 millones de litros ¿Se dimensiona la cifra? Todo ese veneno se vierte sobre los cultivos y todo lo que lo rodea, muchos como la soja y el maíz son exportados a la UE, para alimentar sus animales de consumo; o en su defecto importan animales del Mercosur alimentados con esos productos. En el marco del Pacto Verde Europeo (European Green Deal), están desarrollando la estrategia de la “Granja a la Mesa” (Farm to fork), alimentos sanos y de poco recorrido en Km. A las élites europeas, que están lejos de ser sensibles humanistas, les interesa lo que comen sus habitantes. En Argentina, al gobierno le importa un bledo que la población coma o no, y si se envenena tampoco le interesa. La prueba de ello es la destrucción sistemática de todo organismo que controle como el Anmat, el SENASA y el resultado de “esa” política, es el escándalo criminal del fentanilo.
El estudio tuvo una duración de cinco años y medio (septiembre del 2020 hasta febrero 2026) y las pruebas de campo se hicieron sobre más de 70 voluntarios que aportaron sangre, heces, orina e hisopos nasales para probar científicamente que los plaguicidas están presentes con valores muy altos en todos los cuerpos animales, vegetales y humanos de los ecosistemas productivos argentinos.
La población argentina debería ser la primera en tomar nota de lo peligrosos que son estos guarismos; más en las zonas sojeras donde el cáncer y las malformaciones congénitas tienen valores muy altos. Yo vivo en un pueblo rural de la pampa húmeda, que tiene más del doble que la media nacional de enfermos de cáncer. Y no se trata de dejar de sembrar soja, que es un cultivo extraordinariamente noble, sino de transicionar a otras formas de producirla, sin monocultivo y más amigable con el medio ambiente. Tampoco planteo dejar de fumigar, menos de un día para el otro, sino hacerlo con responsabilidad, sin afectar a la población. Respetando las franjas periurbanas libres de fumigación, que deberían -sí o sí- reconvertirse a la agroecología. Lo que digo es absolutamente posible, no tiene casi costos y sí grandes beneficios, sólo que, a las transnacionales exportadoras y a los pools de siembra, no les conviene. ¡Se puede y se debe hacer!
Roberto Cittadini, un reconocido ex investigador del INTA, relata que “cuando se conocieron los resultados del estudio comenzaron la censura y persecución a Virginia. Porque daban resultados muy preocupantes para la salud humana a consecuencia del uso indiscriminado de Pesticidas”. El sumario lo abrió la gestión del ingeniero Mariano Garmendia y la ingeniera Nacira Muñoz, quienes también en el 2023 pidieron retirarse del SPRINT. Esto fue durante el gobierno de Alberto Fernández cuando el secretario de Agricultura era Juan José Bahillo… A fines del 2024, ya gestión libertaria del impresentable Nicolás Bronzovich, se empezó a activar el sumario y en febrero se le notificó a Aparicio que la exoneración estaba marchando…lo cual indica que hay una matriz sojera transversal a los Partidos, que sólo responde a los superiores intereses del planeta soja.
Las presiones vinieron por parte de la Mesa de Enlace, que increíblemente participa en el directorio del INTA, excepto la FAA, cuyo representante de aquel momento el Dr. Pablo Paillole, se opuso firmemente al sumario, pero fue reemplazado por el ingeniero Gustavo Tettamanti quien modificó radicalmente la posición de Paillole y avaló todo lo impuesto por el CD de INTA. Poderoso don “poroto”.
¿Cómo fue que pasamos de un país que creó un Ministerio de Ciencia y Técnica, que casi duplicó el porcentaje del PBI dedicado al área, que ponía satélites en órbita y repatrió 1000 científicos con el programa Raíces, a este presente de perseguir y exonerar científicos porque los resultados de lo que investigan no nos gusta? La de CFK fue la mejor política científica de los últimos 100 años.
La persecución a Aparicio no es sólo un mero acto de brutalidad medieval a la ciencia en nombre del monocultivo sojero. Es un mensaje mafioso propalado desde el Estado a todo el mundo científico y académico para advertir que con el modelo agroexportador no hay que meterse; porque el que lo hace la va a pasar muy mal.
Al revés de la conclusión que saca Ibsen, en Un Enemigo del Pueblo, quien termina reflexionando que “el hombre solo es el más fuerte”… Para nosotros la fortaleza viene de la unidad, de ser muchos y comprometidos con el destino del país y de sus científicos. Por eso aspiramos a que la reacción no provenga sólo de la víctima y su círculo de compañeros, debería toda la oposición política, levantarse en un solo puño para fijar algún límite a estos primates.
Se necesita un acto contundente para decirle al gobierno que si gana el peronismo, vamos a reincorporar a todos/as los cesanteados; y al INTA no lo vamos achicar, lo vamos agrandar al servicio de la soberanía y seguridad alimentaria de nuestro pueblo. Sin ciencia, sin investigación, sin agricultura de rostro humano habrá más hambre, no menos. Sería más que oportuno que el campo nacional y popular, cuyo centro es el PJ, rinda un homenaje y reincorpore simbólicamente a los científicos cesanteados.












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