La gala de Washington, presentada como un encuentro de alto nivel, es analizada aquí como una operación del oficialismo para conseguir una foto con Donald Trump. El artículo repasa el rol de los organizadores, los antecedentes judiciales de Tony Delgado y las razones por las que Milei asiste. Una radiografía incómoda de la política argentina actual.
Por Fernando Esteban Balderacchi
El relato oficial vende un viaje de Estado, reconocimiento internacional a las reformas libertarias y un tributo en el Mes de la Herencia Hispana en el Andrew W. Mellon Auditorium de Washington. La realidad política y diplomática cuenta otra historia: una puesta en escena montada por operadores propios para justificar otro viaje a Estados Unidos y perseguir, una vez más, un cruce o una foto con Donald Trump que la diplomacia formal no termina de asegurar.
El pretexto: la cacería de la foto con Trump
El motivo de fondo detrás de este nuevo desembarco no es la diplomacia bilateral con la Casa Blanca ni una cumbre de jefes de Estado, sino la desesperación por orbitar el universo trumpista.
Para la narrativa oficial, cada apretón de manos con Donald Trump o sus referentes se presenta como una bendición a la gestión argentina. Sin embargo, sin una agenda bilateral de gobierno a gobierno, el Ejecutivo recurre a eventos paralelos, cenas de recaudación y foros conservadores para forzar el encuentro casual o el saludo de pasillo. La gala hispana funciona como la excusa perfecta para volar a Washington, subirse a un atril y esperar que el magnate republicano —o su círculo más íntimo— valide la excursión ante las cámaras.
La mesa chica de los anfitriones: Negre, Cerimedo y el ecosistema libertario

Lejos de una invitación cursada por la diplomacia estadounidense o por centros de estudio tradicionales, la gala está organizada directamente desde la trinchera comunicacional del propio oficialismo:
- Javier Negre y La Derecha Diario: El periodista español, que compró la mitad del medio fundado por Fernando Cerimedo y se consolidó como operador mediático oficialista, actúa en Washington como el anfitrión que le diseña el escenario a medida al Presidente.
- La huella de Fernando Cerimedo: Aunque Negre sea la cara visible en el exterior, el entramado remite a Cerimedo, el cerebro digital de la campaña libertaria. La relación con los promotores de la gala no es nueva: en ediciones previas organizadas por este mismo circuito en Estados Unidos (como las citas en Mar-a-Lago), el propio Cerimedo fue homenajeado y premiado por la red de Latino Wall Street como el «consultor político del año».
En los hechos, la tribuna que supuestamente «invita y premia» a Milei fue construida y financiada por sus propios estrategas comunicacionales.
El socio en las sombras: quién es realmente Tony Delgado

El engranaje local en Estados Unidos corre por cuenta de Anthony «Tony» Delgado, pareja de Gaby Berrospi y cabeza de la plataforma Latino Wall Street, encargada de vender las mesas, cobrar los accesos en dólares y recaudar fondos para el circuito republicano.
Detrás del perfil de influencer financiero y recaudador se esconde un prontuario judicial documentado en investigaciones periodísticas:
- Causas por estupefacientes: Registros judiciales en Nueva Jersey y Florida consignan antecedentes por comercialización y distribución de drogas, con acusaciones agravadas por venta en cercanías de escuelas.
- Otras causas penales: Reportes de prensa le adjudican además causas y registros por fraude hipotecario, robo, violencia doméstica y agresión.
La historia de cómo Tony Delgado y Gaby Berrospi pasaron de esquilmar bolsillos en internet a manejarle la agenda internacional a la Casa Rosada.
Radiografía perfecta de la política moderna: choreo de guante blanco, cosmética digital y militancia rentada.
1. El curro madre: «Latino Wall Street» o la estafa del sueño americano
Tony y Gaby no inventaron la rueda; le pusieron acento latino a la vieja timba de la autoayuda financiera.
- El negocio: Fundaron Latino Wall Street, una plataforma que le promete a la comunidad hispana en EE.UU. que cualquiera puede ser millonario operando en la bolsa desde el celular. En criollo: cursos inflados, membresías pedorras de trading, humo cripto y promesas de «libertad financiera» apuntadas a un público vulnerable y laburante.
- La fachada de respetabilidad: Gaby Berrospi aportó la cara limpia: charlas TEDx, podcasts de empoderamiento y artículos pagos en publicaciones de negocios para parecer una gurú de las finanzas.
- El marketing: Publinotas compradas, followers inflados y la típica pose de influencer de Miami que te vende un curso de 500 dólares mientras alquila autos de lujo para las fotos.
2. Tony Delgado: del narcomenudeo escolar al catering VIP de Washington
El verdadero cerebro de la movida no es un broker de Wall Street ni un intelectual conservador. Anthony «Tony» Delgado tiene un prontuario que no resiste ni el cacheo de una comisaría de barrio.
- Investigaciones periodísticas y registros judiciales de Nueva Jersey y Florida le adjudican causas por tráfico y comercialización de estupefacientes, con el agravante explícito de vender droga en inmediaciones de escuelas.
- A eso se le suman antecedentes por fraude hipotecario, robo, violencia de género y agresión física. Ese es el tipo que te cobra la entrada, el que firma los cheques y el que te sienta a los comensales en la gala a la que el Presidente de la Nación va a rendir pleitesía. Un narco convicto devenido en mecenas ideológico de la ultraderecha.
3. El salto a la política: cuando el trading no alcanza, se vende facho-networking
Cuando el nicho de los cursos empezó a quedar chico, la parejita entendió el negocio definitivo: la militancia trumpista de Florida paga en dólares y aplaude cualquier disparate.
- Se pintaron de cruzados anticomunistas, se colgaron del trumpismo más rancio y armaron cenas en Mar-a-Lago cobrando miles de dólares el cubierto a incautos que querían sacarse fotos con la fauna conservadora de Miami.
- Ahí es donde cierran filas con la factoría digital argentina: Fernando Cerimedo y Javier Negre (La Derecha Diario). En esas mismas cenas truchas, Tony y Gaby premiaron a Cerimedo como «Consultor Político del Año». Sí, entre ellos se arman los premios, entre ellos se pagan las mesas y entre ellos se baten palmas. Es una pyme endogámica: los mismos que te operan las redes en Buenos Aires te arman el decorado en Estados Unidos.
4. La coartada presidencial: la desesperación por un autógrafo de Trump
Acá es donde entra la comitiva argentina con la plata de los contribuyentes.
A Milei no lo invitó el Departamento de Estado ni Joe Biden ni la Cámara de Comercio. La gala es un acto partidario privado organizado por un tipo con causas por drogas y un periodista español expulsado de los medios de Madrid.
¿Por qué va el Presidente? Por una sola razón: la desesperación absoluta por coincidir con Donald Trump.
Como la diplomacia formal no le consigue una bilateral de verdad ni una audiencia oficial de peso, el Ejecutivo recurre a la cacería de pasillo. El plan es subirse al escenario que le alquilaron sus propios operadores, hacer ruido mediático y rezar para que Trump —que suele rondar los eventos de recaudación— pase cerca, le tire un pulgar arriba y le regale la foto que sostenga el relato en Twitter durante 72 horas.
En resumen
El cuadro es desolador y grotesco:
- Los organizadores: Un convicto por drogas y una vendedora de membresías que encontraron en la derecha libertaria su mina de oro.
- Los operadores: La Derecha Diario, armando premios truchos para autocelebrarse con fondos privados y donaciones turbias.
- El invitado de honor: El Presidente de la Nación, cruzando el continente en avión oficial para ser la atracción de circo en un evento privado, todo con la única ilusión de mendigarle un saludo al magnate de Mar-a-Lago.
Esa es la verdad de la milanesa: no es inserción en el mundo libre, es un curro de influencers de Miami apalancado con la investidura presidencial.
El cuadro completo exhibe una contradicción abierta: para conseguir una tribuna que justifique el viaje y perseguir un nuevo guiño con Trump, la investidura presidencial termina termina apalancada en una escenografía montada por militantes de la propia factoría digital y un recaudador con antecedentes por narcotráfico y fraude financiero. Una gala endogámica donde los organizadores cobran en dólares, el mandatario busca su foto y el relato oficial vende prestigio internacional.
Fuentes: Página 12, TN, Facebook, Latino Wall Street, qpasó+1,







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