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Lula contra la maquinaria de poderes: crónica de una remontada no tan solitaria

Lula vence balotaje
Lula da Silva venció al bolsonarismo, a los medios hegemónicos, a las big techs, a jueces del TSE, a Marco Rubio y al mercado financiero. Pero no fue un acto solitario: lo acompañaron la juventud en las calles, las mujeres, los movimientos sociales, los sindicatos y los influenciadores digitales. El resultado: un cuarto mandato conquistado con el corazón de la calle y el desafío de un Congreso que le jugará en contra.

Por Ramiro Carlos H. Caggiano Blanco

Lula vence balotaje
Épica remontada de Lula

Los gigantes que cayeron (y cayeron feo)

1. El bolsonarismo. La derrota de Flávio Bolsonaro por más de 4 millones de votos fue un golpe del que la dinastía difícilmente se recupere. El proyecto político que Jair Bolsonaro intentó perpetuar a través de su hijo se estrelló contra una realidad innegable: el electorado brasileño le dijo «no» por segunda vez consecutiva. Y todo indica que su sueño de recuperar la libertad se le hace cada vez más lejano.

2. Los medios hegemónicos, con Rede Globo a la cabeza. La «teoría de los dos demonios» —ese intento burdo de equiparar a Lula con Flávio bajo el argumento de que «ambos son corruptos»— quedó retratada en los números. Un análisis de la Associação Brasileira de Jornalistas documentó que el Jornal Nacional dedicó el 47,1% de su tiempo de entrevista a temas de corrupción cuando el entrevistado era Lula, mientras que a Flávio solo le destinó el 31,1%. Además, a Lula se le hicieron el doble de preguntas sobre corrupción que a su oponente. El intento de equiparar un historial de denuncias con otro que no las tiene no funcionó.

3. Las big techs. Meta tuvo que salir a pedir disculpas —a regañadientes— por los «problemas técnicos» que, según su propia explicación, permitieron que su inteligencia artificial generara material de campaña que favorecía a Flávio Bolsonaro. El episodio dejó al descubierto el poder desestabilizador de estas plataformas y su capacidad de influir en el proceso electoral.

4. Los jueces «bolsonaristas» del TSE. Los ministros Kassio Nunes Marques y André Mendonça fueron señalados por usar «manobras regimentales» para favorecer a Flávio y perjudicar a Lula. El modus operandi era descarado: si la campaña de Flávio se quejaba, la de Lula era retirada del aire rápidamente; si Lula protestaba y el pleno del TSE le daba la razón, Nunes Marques usaba un «pedido de destaque» para paralizar la decisión.

5. Los aliados del norte. Marco Rubio y compañía. Funcionarios del Departamento de Estado alineados con la familia Bolsonaro lideraron una campaña para «restaurar el clan Bolsonaro al poder» e impulsaron sanciones con la intención de inclinar la elección. La política exterior estadounidense fue instrumentalizada para favorecer a un candidato específico. No funcionó.

6. El mercado financiero y los sectores rentistas. Apostaron fuerte por Flávio. Y perdieron. El lunes posterior a la victoria de Lula, la bolsa de São Paulo se desplomó más del 10%, el real se depreció un 11% y los bonos brasileños se hundieron. El mercado «había apostado por una victoria de Bolsonaro» y sus esperanzas fueron hechas añicos en una sola jornada.

El ejército que lo sostuvo (y que casi nadie vio venir)

1. Lula y la coalición de siete partidos. La victoria no fue un accidente. Siete partidos de izquierda y centroizquierda se unieron desde el primer turno: PT, PCdoB, PV, PSB, PSOL, Rede y PDT. Una coalición inédita desde 1989 que le dio a Lula una estructura partidaria y palanques en todo el país.

2. La juventud y los estudiantes. Fueron los grandes protagonistas de la remontada. Tras la derrota en la primera vuelta, multitudes convocadas por movimientos estudiantiles salieron a las calles bajo el lema «Bolsonaro nunca mais». La Unión Nacional de los Estudiantes (UNE) convocó actos en al menos 13 estados y el Distrito Federal. Lula lo reconoció en su discurso de victoria: «Le debo esta victoria a la juventud rebelde que se levantó en defensa de la democracia«.

3. Las mujeres y los movimientos feministas. El voto femenino fue decisivo: Lula tenía una ventaja de 15 puntos sobre Flávio en ese electorado. La Articulación de Mujeres Brasileiras (AMB) se movilizó por pautas como el combate a la violencia de género y la justicia reproductiva. Lula fue enfático: «Le debo esta victoria a las mujeres que se rebelaron contra el feminicidio«.

4. Los influenciadores y la comunicación transversal. La campaña reconoció su debilidad digital en el primer turno y lanzó una ofensiva en redes para el balotaje. Lula reclutó a influenciadores de izquierda y diputados recién elegidos que dominaban el lenguaje de las plataformas. André Janones, a quien Lula llamó «general» de la movilización digital, fue clave para viralizar el mensaje y contrarrestar la desinformación.

5. Los sindicatos y los movimientos sociales. Ocho centrales sindicales se unieron para apoyar la reelección, y más de 100 sindicatos de la Força Sindical movilizaron a los trabajadores. El MST celebró la victoria y logró elevar a ocho de sus representantes al poder legislativo. El movimiento negro, el LGBTQIA+ y las poblaciones de calle también se volcaron a la campaña.

El campo de batalla del Congreso: la victoria que no basta

Lula ganó la Presidencia, pero el mapa del Congreso que le espera a partir de febrero de 2027 es, cuanto menos, hostil. La victoria en el Ejecutivo no se tradujo en una mayoría legislativa.

En la Cámara de Diputados (513 escaños):

  • El PL de Flávio Bolsonaro se consolidó como la primera fuerza, con 121 diputados.
  • La federación PT-PCdoB-PV, base de Lula, suma 88 diputados.
  • La base aliada completa (incluyendo PSB, PSOL y Rede) alcanza los 124 diputados.
  • El Centrão (PP, União Brasil, Republicanos, PSD, MDB) controla un bloque de 171 diputados que será el verdadero árbitro de la gobernabilidad.

En el Senado (81 escaños):

  • El PL tiene la mayor bancada de la historia reciente: 28 senadores (proyectado hasta 29).
  • La base de Lula parte de apenas 9 senadores del PT, muy lejos de los 41 necesarios para una mayoría absoluta.
  • El Centrão (PP, União Brasil, Republicanos, PSD, MDB) controla un bloque significativo que será cortejado por ambos lados.

La traducción práctica: Lula no tiene mayoría en ninguna de las dos cámaras. Para aprobar leyes complementarias necesita mayoría absoluta (257 votos en la Cámara, 41 en el Senado), y para una enmienda constitucional requiere 308 votos en la Cámara y 49 en el Senado. Con 124 diputados y una bancada de senadores muy reducida, el camino es cuesta arriba. El gobierno dependerá de la negociación permanente con el Centrão, y cada voto tendrá un precio: ministerios, enmiendas, cargos.

Lula venció a la maquinaria de poderes con el corazón de la calle. Pero gobernar será otro partido. La misma energía que lo llevó al cuarto mandato tendrá que sostenerlo frente a un Congreso que no le regalará nada. La victoria es suya; la gobernabilidad, una incógnita que se resolverá voto a voto, negociación a negociación. Un arte en el que Lula tiene probada experiencia.

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